3 de octubre de 2015

Aguantamos.

Aguantamos su aprobación, sus consejos y manuales para ser verdaderas señoritas.
Aguantamos los tópicos, aguantamos las jornadas reducidas, las custodias compartidas, aguantamos los chistes machistas, las fregonas y las tareas de casa.
Aguantamos a cuatro patas cuando no queremos.
Aguantamos el que dirán, los escotes y las faldas demasiado cortas.
Aguantamos sus flores, sus palizas, aguantamos sus celos, aguantamos hasta vivir en una jaula.
Pero también aguantamos el dolor, el hacer las maletas, aguantamos las criticas, la huida.
Aguantamos los corsés, los tacones, las miradas.
A el patriarcado y sus mil maneras de quedar siempre por encima.
Aguantamos ser brujas feministas, ser insoportables, aguantamos con el puño en alto y gritando a la libertad.
Aguantamos que decidan por nosotras, que nos obliguen a ser madres.
Aguantamos ser superheroinas.
Aguantamos, siempre en pie.
Aguantamos la violencia, lo que no se ve.
 Aguantamos, aguantamos hasta que un día nos vamos. Porque también aguantamos ganar la batalla a la violencia. Que violencia, no solo es pegar. Basta con atar, manipular, chantajear, abrumar, humillar, desconfiar, Basta con obligar.

Aguantamos, aguantamos para conseguir la libertad.

27 de septiembre de 2015

Hace 19 horas.

Para olerte, para sentirte, para acariciarte, recoger mi corazón al salir de aquí.
Atar la coherencia al terminar, y cerrar los ojos para olvidar cada rasgo de sus ojos, mar.
Y volver a empezar un cuento de princesas guerreras.
El saber que se quiere,
sin que se pueda.
El querer correr despacio,
el querer frenar y acelerar.
Para tenerte, para amarte en una noche de cerveza, en historias de amores comunistas, de guerreros sedientos de justicia, libertad y orgasmos suicidas.
Para abrazarte, para olvidarme de la guerra, para engañarme.
El querer más,
haciendo menos.
Y el latir lento de un corazón estropeado.
El compromiso de nada serio,
el nada serio de mentira.
Lo cobarde, lo distante, lo fría que suenan ya las heridas.

El corazón, se muere.

El corazón siente,
se estremece,
se para,
se agota,
se cansa.
Se ahoga.
Se agita,
se desemboca,
se muere.
No podemos elegir, no somos dueños de nuestros sueños, no somos los destinatarios de ningún cuento feliz.
Y le diría gracias, gracias por hacer revivir, por un último aliento de un soldado abatido, por devolver la calma a mi sonrisa.
Y me gustaría, me aferro al recuerdo, a los ojos discutiendo, a las miradas prohibidas, a las manos dormidas. Sabiendo que algo está mal, en un baila de la razón con el corazón.
En este mundo, por salón, que gira, que gira siempre y deja todo del revés.

Un bostezo del alma.

No elegimos los momentos de nuestra vida, ni podemos planificar cada paso o cada valor. Funcionamos por impulsos, por sentimientos y por miradas. 
He pasado mi corta y estúpida vida intentando planificar y controlar cada segundo de felicidad, de ilusión. Pero de pronto, aprendes que la vida no es control, ni saber estar, tampoco es comportarse, ni mucho menos, quedar bien. 
Que no es egoísta intentar sentirte bien, y hacer lo que te salga del corazón, hacer lo que te hace temblar, lo que te llena el alma. 
Muchos no entenderán, les parecerá una chorrada, una perdida de tiempo, pero llegara el momento en que hagas oídos sordos al parecer, a lo que debes ser, hacer y decir. 
Y empezaras a seguir tu destino, tu intuición. Sin preguntar, sin pedir opiniones. Seguir tu camino, luchar por lo que crees, en lo que crees. 

Y conseguir tus sueños, por muy lejos que parezcan.