Izquierda o derecha, arriba o abajo llevo un montón de años viendo y escuchando las mismas voces, los mismos golpes en la mesa, portazos y lágrimas arruinadas. Qué más un par de segundos vacíos más en los que se rompe mi calma, qué más un par de sueños que se estrellan contra el filo de mis pecados. He tenido varios sueños en los que corría frenéticamente por un pasillo con la única meta de lograr salir hacía el país de Nunca Jamás y lo único que lograba era caer en un pozo aún más oscuro, donde las paredes se hacían aún estrechas y me sentía violada y acorralada hasta por mi propia respiración.
En el fondo de mi alma, mi ira baila tangos con la soledad de mis versos, y se acuesta con los recuerdos que hacen estremecer hasta el último poro de mi piel. Y es que hay cosas que nunca dejan de dolor. Todos tenemos un pasado que no hemos desvelado ni a nosotros mismos con la esperanza de que aquellos errores, nunca hubiera tomado cuerpo, en este mundo de valientes enterrados. Izquierda o derecha veo la salida en el centro, estremeciendo mi cuerpo entre el límite de los años. Con el licor de los mil pecados matando mis labios, asfixiando mis lágrimas. No tiene sentido volar en dirección contraría, más que llorar por ser un pajarito destetado, por ser una hormiga sin miedo al cielo, por ser un barco sin saber nadar. No tiene sentido vivir, respirar, correr montaña arriba si no tienes una salvavidas que cubra las heridas...
No tiene sentido seguir si no tienes a nadie a tu lado; puedes rodearte de mil y un almas que hablen de lo que ven sobre ti, pero tan solo una hablará de cada centímetro de tu piel que quiso descifrar, sabiendo que no eres nada de lo que se ve. Y es entonces cuando, por muchos pecados, por muchos errores que hayas malogrado, serás perdonado. Y verás la salida a todo lo malo que tira de tus pies, sabiendo por mucho que hayan querido o hayas querido hundirte, nada tiene porque acabar. Puedes luchar, si tienes a alguien a tu lado que ama tus errores, que acepta, comprendiendo tu pasado, que cura y sana en tu presente, que comparte su futuro. Y verás lo alto que puedes volar. Viendo la lluvia bajo tus pies. Y tocaras la llama que tu corazón, y arderás en felicidad. Y todo lo malo que venga, será como saltar a la comba. Los ángeles pueden acabar en el infierno, y los diablos pueden morir en el cielo. La vida es un gran huracán, sabes de dónde vienes pero nunca donde mueres.
3 de enero de 2012
Nuestros caminos pueden tener dos sentidos, podemos ir y volver, podemos dejarnos llevar por las estrellas que altas vigilan el cielo, o podemos aferrarnos a la luz de los faroles que amparan nuestros sueños. Las apariencias engañan y si no que se lo digan al cielo, que se tiñe de colores a cada hora del día. 
30 de diciembre de 2011
My december.
Un momento, un suspiro y un pensamiento para el último mes del año, que llega deprisa y corriendo. Una época del año en la que inventamos un maldito resumen, un inventario de todos los momentos que dejaron huella, que marcaron en nosotros de una u otra forma. Ponemos sobre la balanza cada noche y cada día, cada lágrima y sonrisa, y como una empresa de sueños, logramos comprender que no es más que un pasito para lograr la felicidad a lo largo de todos los años. Tuviste que abandonar muchas cosas para llegar a casa con alguien, tuviste que sudar para llegar hasta donde estás y tuviste que desnudarte en alma, para amar con el corazón.Tuviste que seguir una melodía, un camino de piedras, para ahora ser un poquito más feliz. Un momento, un suspiro, un abrir y cerrar de ojos, imágenes que pasan a la velocidad de una eternidad, recuerdos que te transportan a su realidad. Un año, doce meses, y diciembre toca la puerta, la estancia se llena de ese frío seco, que arruga y hace débiles a los más fuertes. Cubre de nieve los deseos más imposibles, y regala ilusiones a los más realistas. Época del año en la que se lleva el gorro rojo, y besar bajo el muérdago. Infinito calor de las chimeneas. Tuviste que escalar la montaña más alta, pudiste caer, pero te sostuviste y ahora has tocado el cielo. Tuviste que olvidar como amar, para besar, tuviste que andar descalzo sobre sus sábanas para ver la realidad no es tan compleja... Solía escribir a los Reyes Magos mis más íntimos deseos, mis preocupaciones, mis sueños, y con magia abandonar mis versos a la suerte. Solía entregar mi corazón al frío de diciembre, para recoger los pedazos en enero, con escarcha y grietas cerradas. Un lavado para otro año. Pero este año, tuve que envolverme en el sofá de casa, bajo la manta. Tuve que desnudar mi corazón para besarte con el alma, tuve que hundir mis uñas en tu espalda para sentirte. Este años pesa más la balanza hacía la felicidad que hacía el precipicio y por primera vez en mucho tiempo, mi corazón se quedo quieto dónde está, no se ahogo en el alcohol de fin de año, si no que bailó un vals junto al tuyo. Hace casi 8 meses, que me aferro a tu verdad, a tu voz, que me sostienes sin dejar que me perdiese en el infierno. Tuve que arrogar el pasado al pozo, y cerrar mis heridas al miedo, para empezar desde cero contigo, y con nuestra historia. Tuve que agarrar tu mano, para ser feliz. Y así llegar a casa contigo. Mi diciembre, mi maldito resumen, mi inventario, se reduce a cada uno de los días, y de las noches que paso abrazada a ti, a tu olor, a tu tacto, que paso entre tus brazos. Mi diciembre, esto es mi diciembre, mi repaso del año que es el principio de mi vida junto a ti, - una vida es mucho tiempo, no lo suficiente si trata de estar a tu lado. Te quiero, te quiero mi vida.
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