Pero con los años escoge tu papel, y aprendes a librar tu propia batalla, dejando atrás los miedo, los finales trágicos, y tomas rienda suelta de tu vida, agarrando con fuerza el timón que te lleva a la felicidad.
15 de junio de 2011
Los cuentos no sólo son cuentos.
Cuando eres pequeño, los cuentos son cuentos y piensas que la vida es del color del cielo, o que se pinta de rosa, cuando vas creciendo. Algunos nacen entre algodones y sábanas de seda, pero la gran mayoría se choca de frente con la realidad, cuando más débil y vulnerable eres. Y cuando crecen te das cuenta de que, el dragón de los cuentos es de verdad, y a veces puede vivir en tu propia casa, también convives con las brujas que engañas y distorsionan tu vida, hay un rey egoísta, cuatro o cinco príncipes que no son más ranas.
Mi filosofía de vida.
Nos pasamos la vida buscando, luchando, entre batalla y batalla, algunos aspiran a toca aquello que llaman felicidad. Pero la vida está llena de baches, porque las carreteras no son autovías directas a la meta, si no que atraviesan bosques, acantilados, desiertos en los que la soledad puede volverte completamente loco. En realidad, la felicidad no es una meta, no algo por lo que debemos desvivirnos, ni buscarla. Sin llegar a la veintena de mi vida, he aprendido a lo largo de la vida, que por mucho que te empeñes, la felicidad no es algo que forma parte de un sueño inalcanzable y que el camino importa, importa tanto o más que el objetivo al que te vuelcas durante tu vida.
Para mí, vivir es cruzar los días más oscuros, nadar en las lágrimas más profundas, disfrutar de las locuras más peligrosas, y surcar los siete pecados capitales. Para mí vivir, consiste en madurar con los años, nunca dejando atrás al niño que quiere volar, y ser feliz a cada paso que des, cumpliendo tus metas, sin dejar de ser humano, sensible, lobo hambriento.
Para mí, luchar es aferrarme a lo que quiero, ser lo suficientemente rebelde como para indignarme porque si algo he aprendido es que cuando dices lo que quieren oir, el mundo escucha, pero cuando a nadie le gusta lo que piensas...Harán callar con golpes tu rebeldía. Y es cuando has de ser feliz, hasta en el último aliento de soldado derrotado, hasta en el último tiroteo de versos ensangrentados. Algunos se olvidan de vivir, y dan grandes zancadas hacía su sueño, pero durante el camino perdieron lecciones más importante, que se imparten como agua de mayo en las calles de los barrios, más fieles que las lecciones magistrales de la escuela.
Otros prefieren encerrarse en su vuelo de cometa, olvidándose de que hay que avanzar, hay que andar sobre lo que tenemos...
8 de junio de 2011
Gracias a ti.
Sí, hoy quería darte las gracias por, hace 9 años, un día como hoy gritaste más de lo normal, golpeando con fuerza mi alma contra la pared, y vi por primera vez mi ilusión tirada a mi lado, en el suelo, rota en mil pedazos, pude sentir como se arrastraba mi orgullo, y como me invadía la debilidad, me deje amansar por cuatro patadas al corazón, y adornaron las lágrimas de sangre de mis labios mudos de dolor. ¿Crees que no recordaba el día? Quise yacer allí, quise desvanecerme, morirme, y esa maldita sensación de inferioridad cada vez que tu mano volaba más cerca del cielo, que del bolsillo...Cada vez que profetizabas alguna de sus visiones sobre mi futuro, o pellizcabas algunos de mis múltiples defectos...Sí, recuerdo cada una de esas veces en que se escondían hasta las flores de los tiestos, porque yo no podía esconderme más dentro de la pared, ni hacerme más pequeña.
Pero hoy ya no hay rencor, ni odio como en aquello años en los que desperté del silencio, y creía a pies puntillas que el mundo era en sí una patada al corazón, y que yo no era más que un títere perdido de la mano de Dios. Pero hoy, doy gracias, porque gracias a todos estos años, soy quien soy, y he llegado a donde estoy. Soy fuerte. Mírame, ¿donde ves a la chica qué se arrinconaba tras la última pared de su habitación? En su lugar queda una mujer, que por más que insultes y golpees, es de piedra, y la hiere más el recuerdo que el presente, y se alimenta de ira, de perdón y de valor, dulcificada con orgullo, y si algo he aprendido es que nunca más te daré el gusto de verme caer. Solo cuando te hayas ido con el rabo entre las piernas, caer desprendida en el suelo, ahogando el dolor y la rabia en gritos silenciosos, como he echo tantos atrás...Pero no, mírame porque no me volverás a ver caer, ni desquebrajar mi alma en lágrimas, por soy más fuerte que las balas que impactan en palabras en mi corazón, quizás no más fuerte que las patadas al corazón, pero sí lo suficiente para contar hasta diez antes de caer al suelo, envuelta en un manto de ayer...Mírame, soy fuerte, y gracias a ti.
La dulce función de mi vida.
Parecía cansada de jugar entre perros y gatos, cansada de pasar la pelota, como si fuera el humo de un café. Y por la noche olvidar que estaba allí, porque su vida no era más que un teatro entre versos y versos. Parecía triste niña, harta de salir tímida entre las cortinas, y no dejarse llevar por la luz del espectáculo. Cansada de barrer los pedazos del alma que nadie quería. Y parecía harta de respirar.
Los fantasmas del pasado atormentaban su vida, los golpes hacían que miserable se sintiera, y ni un tequila hacía olvidar insultos envueltos en empujones. Y aunque la noche arropase aquella pesadilla, ella no era capaz de cerrar los ojos, pero la rabia y el dolor la devolvía sana y salva de nuevo, a la mañana siguiente dispuesta a comerse el mundo desde los bastidores.
Los fantasmas del pasado atormentaban su vida, los golpes hacían que miserable se sintiera, y ni un tequila hacía olvidar insultos envueltos en empujones. Y aunque la noche arropase aquella pesadilla, ella no era capaz de cerrar los ojos, pero la rabia y el dolor la devolvía sana y salva de nuevo, a la mañana siguiente dispuesta a comerse el mundo desde los bastidores.
No quedaba ya nada qué perder, tenía el tiempo a su favor, y la fortaleza de años de silencio. Y con una lágrima brindando por los años de peleas, y empuñando un escudo de oídos sordos, plantó cara al dragón que tantas veces la maltrató.
En ese mismo instante dejó ser la triste niña de diez años que se escondía tímida tras el telón, para ser la única protagonista de su vida, dejándose llevar por la luz del espectáculo.
Parecía cansada de los gritos, de las amenazas echas peores pesadillas, de la sangre derramada en cada discusión, aquello no era lo que merecía, ni merece nadie. Parecía una triste niña.
Se armó de valor refugiando el miedo, y el dolor en los versos que cubrían sus heridas, pintaba cada lágrima con negras sonrisas, y adornaba las mentiras con caídas.
Pasaron años entre batallas, y días de sol, refugiada en la rebeldía de un adolescente incapaz de hablar de sí misma, incapaz de brillar por sí misma, oculta entre el dolor chocante de su escudo de oídos sordos. Protagonista de una vida que no era la suya. Parecía rota por el error.
Y así pasaron los años, calmando a la bestia que llevaba dentro de sí misma, decolorando el dolor de su alma, enmudeciendo el rencor. Así pasaron los años de su adolescencia, hasta que comprendió, que el mundo no era una patada en el corazón. Y sacando todo el miedo y orgullo de ella misma, se hizo dueña de su vida, de su escenario.
Los años han pasado, y ahora dejó de ser aquella niña de mirada triste, para ser una mujer con el coraje de un león enfrentado, y cuando alguien ladra, grita bien fuerte, porque nadie más volverá a doblegar su alma de dulce corazón de primavera, porque el pasado quedo encerrado entre las cenizas de los golpes.
Ahora cuando lastima su valentía, se hace pequeña, oídos sordos al dolor, y los golpes con el tiempo desaparecen, ya no duele porque sabe que ella es más fuerte, y la ira y la rabia sirven para curarse las heridas nuevas, del pasado y emborronar las lágrimas que vendrán.
Ahora es distinto, hace más daño las voces, los gritos que las patadas, que los empujones, ahora duele más en el alma recordar cada momento en el que quiso morir que en verdad el moratón, que disimula con maquillaje, que las lágrimas secas de dolor.
Pero si de algo sirvió la tormenta, es para brillar ahora con luz propia, con sonrisa nítida, y ojos sinceros abiertos al corazón, aprender a luchar aunque llenen de piedras el camino, y digan lo que digan ser más fuerte que hasta el insulto más duro..
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